Lápices y diamantes

Piensa en un objeto que represente algo de valor, valiosísimo.  

Ahora, piensa en otro objeto que represente algo sencillo. 

A la primera pregunta podríamos responder DIAMANTE, ¿verdad?

A la segunda pregunta podríamos responder un LÁPIZ. ¿Sí?

Poca gente sabe que los átomos que conforman el diamante son los mismos que conforman el grafito: átomos de carbono. Lo que los hace distintos es la estructura que adoptan los pequeños átomos. Así que podríamos decir, a un nivel muy básico, que el diamante y el grafito del lápiz que usamos, son casi lo mismo (pero no del todo).

Me divierte pensar que, de algún modo, al escribir a lápiz estamos escribiendo con un potencial diamante.

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Pero, vayamos más allá, esos dos objetos tan antagónicos siguen teniendo más aspectos en común.

Dicen que un diamante es para siempre (aunque tal vez algún experto en Química nos diría que en sentido estricto, eso no es así) y también lo dicen de las palabras escritas “lo escrito, queda”.

El diamante se genera en el interior, muy interior, de la tierra y es sólo a través de las presiones volcánicas que son expulsados al exterior. Lo que escribimos también nace en nuestro interior, ya sea a través de ideas o emociones, y volcarlo sobre el papel algunas veces necesita de un trabajo interior muy profundo y en otras, explotamos y soltamos lo que necesitamos decir.

No puedo dejar de hablar del oscuro negocio que gira en torno a los yacimientos de diamantes que sirven para financiar guerras. Esa es la parte más oscura y desagradable que merece ser “contada” o al menos, no olvidarla.

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El propio nombre del diamante proviene del griego [ ἀδάμας (adámas) ] y significa inalterable; igual que lo que escribimos, la mayoría de las veces, nace para “perdurar”. No me refiero a publicarlo, sino a que pueda ser releído o recordado años después.

También me gusta pensar que de un objeto tan simple como la mina de un lápiz, surgen diamantes en forma de textos. Palabras/ gemas preciosas, inalterables, que embellecen, que nos dan fuerza, que luchan, que brillan, que se defienden, que construyen otras palabras bellas.

Estos son los que se me han ocurrido; pero seguro que tus neuronas han ido pensando más.

Y ahora, ¿te animas a seguir estableciendo “parecidos razonables” entre dos objetos aparentemente distintos?

¡Diamantiza tu creatividad! 

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En pausa

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*Imagen de Pedro Lastra.

 

Ilustro la entrada con una estrella de mar, tranquila y relajada en la orilla, dejándose llevar por lo que sea que las olas traigan. Dejando que el agua del mar también se lleve lo que no necesita.

El verano es un paréntesis para muchos. Una época del año que procuramos disfrutar y exprimir lo máximo posible para poder “coger” septiembre con fuerza.

Hay quien viaja, quien pasea por la playa/montaña y saborea una cervecita o tinto de verano en una terraza; quien aprovecha para pasar más tiempo en familia o pasar más tiempo consigo mismo.

También hay quien no lo disfruta en absoluto, por supuesto (calor, visitas, compromisos, obligaciones, playas masificadas, etc). No todo el mundo puede desconectar en esta época del año y ver a tu alrededor que mucha gente está “disfrutando” puede estresarte.

Pero por poco que sea, hay que regalarse unos momentos para “desconectar y reconectar”. Si este verano te animas a recargar pilas mediante la escritura te animo a que escojas una libreta a propósito para estos días.  Ya sabes que insisto mucho en que escojamos los objetos con una intencionalidad, que le demos algo de “magia” con nuestra decisión.

Puedes hacer un diario de gratitud, un diario de todo lo positivo que te ha sucedido en ese día; anotar ideas/metas de cara al otoño/invierno; recuerdos…

El contenido lo decides tú. Puede que incluso siembres la semilla de una novela o de una colección de relatos o de un Cuaderno de Recetas para sentirme mejor.

Releer este tipo de cuadernos, al cabo de unos años puede ser enormemente gratificante. Todo un tesoro. 

 

Nos volveremos a leer en septiembre, con nuevas propuestas,

más talleres y sobre todo

muchas ganas de compartir más palabras.

 

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Imagen de Spencer Kaff

Solsticio vital

Hoy comienza el verano.

Será el día más largo y la noche más corta. La luz será más protagonista que ningún otro día del año.

Este es un buen momento para hacer balance de los primeros seis meses del año. ¿Cómo nos sentimos?, ¿cómo nos ha ido?, ¿estamos cumpliendo esos planes/propósitos de Año Nuevo?, ¿han aparecido cambios?

Reevaluar nuestra vida no tiene por qué ser negativo y desde luego, no te voy a animar a que lo hagas para sentirte mal. Este ANÁLISIS tiene la función de DESPERTADOR y de IMPULSO.

Te propongo un ejercicio para este día (o para mañana o pasado o la Noche de San Juan…).

  1. Toma un papel o libreta, pero hazlo a conciencia, que sea especial para ti.
  2.  Responde a estas preguntas.
  • ¿Qué le quiero agradecer a estos primeros 6 meses del 2018?
  • ¿Qué quiero soltar, dejar ir?
  •  ¿Qué pequeña sabiduría me llevo de estos seis meses?, ¿qué he aprendido de mí, de los demás, de la vida?
  • ¿Qué es lo que quiero aprender el resto de 2018?
  • ¿Estoy donde necesito estar? (para crecer, para conseguir mis objetivos, para sentirme mejor…)

    3. Una vez respondas, guarda este papel y no lo vuelvas a leer hasta el solsticio de        invierno (21 de diciembre) cuando volverás a reevaluar los últimos seis meses del año.

No es muy difícil, ¿verdad? Y te aseguro que lo que has escrito tiene mucho, mucho poder. 

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Fotografía de Anastasia Tarasova